Palabras claves de revelación

                                                                                                    Apocalipsis

De nuevo una palabra griega ha pasado a nuestro vocabulario y además ha generado un adjetivo: “apocalíptico” con nuevas resonancias en español.

Apocalipsis significa “revelación”, desvelamiento, manifestación de algo no visible a simple vista. El último libro de la Biblia comienza así: “Esta es la revelación que Dios confió a Jesucristo para que mostrara a sus siervos lo que está a punto de suceder” El libro enseña a ver lo que está a punto de suceder para que reconozcamos no tanto el “fin del mundo” cuanto que el mundo tiene finalidad. Una finalidad no marcada por el poder corrupto y destructor; no dominada por dragones y fuerzas destructoras; no irremediablemente impuesta por poderes astrales sino guiada por aquel cuyos juicios son verdaderos y justos. Una finalidad alcanzada por el que es Alfa y Omega, principio y fin.

Apocalíptico ha pasado a significar lo que amenaza o implica exterminio o devastación: Terrorífico, espantoso. Para nosotros lo terrorífico y espantoso no es lo que está a punto de suceder sino lo que sucede cada día. La “revelación”, el libro del Apocalipsis nos enseña a mirar y a confiar.

  Marán atá

Ahora no es el griego el que nos ha heredado una frase sino el arameo, la lengua de Jesús similar al hebreo tradicional de la Biblia. Con las comunidades palestinas primeras expresamos el deseo de que Jesús, el Señor, manifieste la plenitud de su gloria y nois incorpore a la misma. ¡Señor: Marán; ven: atá

  Amén

Seguimos recibiendo palabras del hebreo. La raíz `mn expresa firmeza, seguridad. Decir amén es reconocer que algo es así, que estamos ciertos de lo que decimos, que sabemos en qué o en quien confiamos. Amén, al mismo tiempo, es exclamación alegre, grito confiado: me alegra que esto sea así. Y por eso,  el amén compromete: así será, así me comprometo a que sea

 Aleluya

Recibimos con esta palabra hebrea compuesta la invitación a la alabanza: Alelú: Alaben. Una alabanza dirigida al Señor cuyo nombre se hace presente en la primera sílaba: Yah,  de las cuatro letras, YHWH, que Moisés escucha y que, con respeto y devoción, Jesús y toda la tradición judía evita pronunciar. Del mismo modo,  en las traducciones actuales de la Biblia evitamos pronunciar el nombre santo de Dios. Decimos en su lugar: Señor como la antigua traducción griega dice: Kyrios o como los judíos leen: Adonai

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