Renovar el Camino hacia el Señor

Reunidos en el Sínodo, como cada día al  reunirnos  en la celebración de la eucaristía, celebramos que no tenemos aquí ciudad permanente sino que anhelamos la futura Hb 13,14  . Damos gracias porque todos y cada uno somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como salvador a Jesucristo, el Señor Flp 3,21.  Reunidos en comunión hacemos memoria del Señor, anunciamos su muerte y proclamamos su resurrección y, juntos, compartimos un mismo deseo, una esperanza gozosa: ¡Ven, Señor Jesús!

Cuando nos reconocemos como ciudadanos del cielo estamos afirmando que nuestra ciudadanía, nuestra identidad, nuestra dignidad es la de hijos de Dios. Una dignidad que vivimos ya en esta ciudad y que compartimos con todos los pueblos.

Una ciudadanía  que no nos aísla y separa sino que nos alienta a caminar en la esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva en la que habite la justicia. 2 Pd 3,13  porque “sabemos que la creación entera está gimiendo con dolores de parto hasta el presente. Pero no solo ella; también nosotros los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior suspirando para que Dios nos haga sus hijos y libere nuestro cuerpo  Rm 8, 22-23. Vivimos el Sínodo como ocasión de compartir el gemido de nuestro mundo, de participar en su deseo, de unirnos en su dolor. Vivimos el Sínodo como llamada a dar sentido al dolor, al deseo y  al gemido; como misión de proclamar que en Cristo ya ha llegada la creación nueva; que todavía no ha terminado el parto y su dolor pero que caminamos renovando nuestro camino hasta que consigamos la madurez conforme a la plenitud de Cristo Ef 4, 13; hasta que todo y todos alcancemos la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Rm 8, 21

La esperanza nos mantiene alegres. La fidelidad de Dios nos da paz. No nos hacemos ilusiones de haber conquistado la meta, permanecemos firmes en lo que hemos logrado, nos  lanzamos hacia adelante y corremos hacia el premio al que Dios nos llama desde lo alto por medio de Cristo Jesús. Fil 4, 12-16.  Por eso  pedimos al Señor que nos mantenga siempre inquietos; que nos enseñe a orar, a decir: ¡Padre! como un niño en los brazos de su madre y a decir: ¡venga tu reino! como quien sabe que lo demás es añadidura.

Terminará el Sínodo y la experiencia de que con nosotros camina el Señor seguirá  suscitando comunión y fraternidad, iluminará nuestro discernimiento, nos moverá a servir y  a compartir vida, paz, justicia, bondad y cantaremos con ilusión que somos un pueblo que camina, que somos “Sínodo”. Reunidos en torno a la mesa, haremos memoria de la entrega de Jesús y proclamaremos su resurrección mientras renovamos nuestra esperanza: ¡Amén. Ven, Señor Jesús

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2 comentarios

  1. fue un evento muy ermoso dios les bendga y sigan adelante el sinodo es algo nuevo para mi yo casi no se nda de lo q se trata pero ahora encontre esta pagina y boy aprender mucho .

    • Me alegra poder servirle. Dios siempre le bendiga

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